Habían contraído, en efecto, la enfermedad del insomnio. Úrsula, que había aprendido de su madre el valor medicinal de las plantas, preparó e hizo beber a todos un brebaje de acónito, pero no consiguieron dormir, sino que estuvieron todo el día soñando despiertos. En ese estado de alucinada lucidez no solo veían las imágenes de sus propios sueños, sino que los unos veían las imágenes soñadas por los otros. Era como si la casa se hubiera llenado de visitantes.
En Cien años de soledad, todos los habitantes de Macondo contrajeron el insomnio y experimentaron por ello todas las amarguras del olvido. Cuando el sueño se convierte en un artículo de lujo, los ronquidos profundos de los pandas gigantes en las montañas del oeste de Sichuan parecen especialmente valiosos. Elegir un lugar apacible para dormir, dejar que la dulzura de los brotes de bambú y la fresca sombra del verano llenen los sueños: eso es, sin duda alguna, un placer sereno de la montaña.

Huan Yao: La brisa de montaña pasa el bosque de bambúes y avienta el calor de los sueños veraniegos.

Jin Chen: Lejos del alboroto, duermo a pierna suelta y acudo a una cita de silencio en el monte con árboles.

Jin Zhe: Un verde tan denso que no se disuelve, es una niebla en el sueño de verano.
Bei Bing: Un sueño en la montaña, todo el mundo en calma.

Lun Wen: Cuerpo en reposo, mente en reposo, sueño en paz.

Rong Shuo: Duermo con la cabeza apoyada en una piedra.
